Adiós
Este es el último post de este blog. Llevo unas semanas pensando s0bre ello, releyendo mis palab ras y las vuestras, y hoy he decidido acabar con esta sábana de mis reflexiones.
Supongo que cuatro millones de años de evolución no han conseguido cambiar un par de cosas en la especie humana (donde me incluyo): La sensación de inmortalidad que todos los seres humanos tenemos, y el apremio de plasmar parte de nosotros de manera urgente cuando la desaparición (llámese muerte o lo que sea) tiene fecha en el calendario.
Estos textos oprimen. Releerme duele, especialmente en estos momentos. Ha sido una época dura, en la que no he podido manejar las situaciones como debiera. Al aspecto profesional se ha sumado una preadolescente de doce años con una 75 de sujetador y aspiraciones de adulto. Demasiado para mí.
No quiero matar mis palabras sin unas cuantas verdades (ya sabéis algunos de mi adicción a mentir o, en su caso, a alterar la realidad), que quiero decir. ¿porqué?, porque hay gente que se las merece.
Soy el mayor de cuatro hermanos. Y como tal, me llevé lo mío y lo de los otros tres. Mi relación con mi padre dejó de ser fluída a los diez. De hecho, los momentos que recuerdo de mi niñez y adolescencia suelen tener a mi padre por el medio, y no precisamente apoyándome. Sin embargo, tras el paso de los años, y habiéndole odiado como le odié, hoy le quiero, y considero una gran pérdida en mi vida los veinte años de silencio entre él y yo. Le debo mi pasión por la lectura (siempre tubo la casa llena de libros) y mi insaciable curiosidad (fruto de escucharle hablar siendo yo un crío sobre cualquier cosa).
Siempre fuí, y sigo siendo, muy tímido. Y a mi timidez hay que añadirle cierta dificultad para exteriorizar lo que siento. Quizá por eso, con diezycasiveinte empecé a escribir. Por necesidad. no imagináis lo que duele tener algo dentro y no saber sacarlo. Sentir y no saber/poder transmitirlo.
Nunca ví en mi familia un apoyo: Entre mi madre, prototipo perfecto de la perfecta madre protectora, y mi padre, que siempre esperó más de mí, no supe donde refugiarme aparte de en mi cabeza, en la deducción lógica de mi posición. Quiero a mis padres, que nadie se equivoque, y no les critico por como nos educaron (al fin y al caboaa, el único que se reconoce torcido soy yo, así que a los tres restantes, por lo que me dicen, les va bien.) Mi madre sigue tratándome como si tuviese diecisiete años (algo que a los 41 es de agradecer) y mi padre sigue punzando como antaño (un cambio ahora sería hipócrita).
Mi primera mujer, tanto en el aspecto sentimental como en el carnal fué M. Teresa. En aquella época (y durante unos cuantos años) pensaba que entre ella y yo sólo había sexo (es difícil, con catorce, ver algo mas en alguien que sólo te tocaba para masturbarte). Por mi parte, en plena adolescencia y con sobredosis de hormonas, no pensaba en nada más que ella. Quizá en ese momento nació mi obsesión por el sexo: La única manera de que ella se mostrara"humana" era, a mi entender del momento, hacerla gozar. Casi quince años después entendí que no... pero ya era demasiado tarde.
Pasaron los años, y apareció Alicia. Mis diecisiete impresionados por su cabeza, y los suyos por mi polla. Dolió dejarla.
Saltándome el orden cronológico, hablaré de Vaire. Quizá ha sido la mujer que más me ha querido (que no amado). Siempre la quise, pero no la amé. Siempre me sentí protegido a su lado, pero no amado. Me porté mal con ella. Ojalá me perdone.
Laura... . Me amaba, pero me temía. La quería y admiraba. Me asustó su enfermedad y el no poder cuidarla.
Luna. Me amaba. La amaba. Es la única mujer por la que hubiese dejado todo. La admiraba. Quizá la presioné demasiado.
Carmen me quiso. Quizá se obsesionó conmigo. Aún así no es excusa para cómo la traté.
M. es mi único ejemplo de transposición espacio-temporal. Me quiso. me sigue queriendo. Y sin hijos y marido hubiera sido mi mujer. Para eso su tiempo llevaba veinte años de adelanto y el mío cinco de retraso. Paradojas.
Te amé, Hiladora. Por tí me hubiera rendido. Sigo sin saber qué pasó. Qué se rompió.
Gloria fué mi dosis de normalidad. quizá ha sido la mujer por la que más peleé. La mujer que, sin darse cuenta, mejor me comprendió. Dolió, y en cierta manera sigue doliendo, que me dejara. Es una gran mujer. Envidio a cualquiera de sus parejas.
Adiós... y perdonadme.

5 comentarios:
Que te perdone Dios(je)
Siempre he pensado que es preciso ejercer el auto-exorcismo de alguna manera. Los demonios (y no me refiero a Vassago) que no expulsamos de nosotros mismos acaban pasándonos factura.
Éste blog parecía serlo; el hecho de pasar hojas del calendario no hace menos necesaria la limpieza interior.
Tú mismo.
... Y todo cambia, para seguir igual.
Morir matando, Vass.
Un beso.
Vassago dixit: Al final siempre lo mismo, como al principio.
Que te vaya bien, dondequiera que estés. Ha dolido mucho leer ese último post, aunque ni siquiera te conozca. Empatía, supongo. Como decían al final de cierto libro: "God bless you, god forgives you"
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